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«Bajo el capitalismo, el hombre explota al hombre. Bajo el comunismo, es justo al contrario». John Kenneth Galbraith 

Por: Agustín Perozo Barinas 

Hay que ser muy caradura, indolente e insolidario para exprimir su propia nación, su propia gente, al consentir y aprovecharse de salarios desproporcionadamente elevados en la Administración Pública y mostrarse impasible ante los cuestionamientos de los contribuyentes por tan irritantes hazañas 

Un economista señaló que la República Dominicana es un país donde tener un trabajo fijo es un privilegio con solo 40% de la fuerza de trabajo empleada formalmente y 80% de esta presentando salarios menores a los RD$20 mil mensuales. En una economía donde la mano de obra empleada apenas devenga el salario mínimo y un 60% subempleada o en la informalidad. Donde la canasta básica nacional se ubicó en RD$42.060,47 mensuales a junio de 2022 lo que indica claramente la realidad económica, sin retoques, de la mayoría de la población dominicana.

«Que el trabajo dignifica al hombre es un cuento de camino. No se puede pedir a un cuerpo cansado y consumido que se dedique al estudio, que sienta el encanto del arte: poesía, música, pintura, ni menos que tenga ojos para admirar las infinitas bellezas de la naturaleza. Un cuerpo exhausto, extenuado por el trabajo, agotado por el hambre y la tisis no apetece más que dormir y morir. Es una torpe ironía, una burla sangrienta, el afirmar que un hombre, después de ocho o más horas de un trabajo manual, tenga todavía en sí fuerzas para divertirse, para gozar en una forma elevada, espiritual. Solo posee, después de la abrumadora tarea, la pasividad de embrutecerse, porque para esto no necesita más que dejarse caer, arrastrar. A pesar de sus hipócritas cantores, el trabajo, en la presente sociedad, no es sino una condena y una abyección. Los bellos cantos a las masas activas, laboriosas, pujantes: los himnos a los músculos vigorosos: las aladas peroraciones al trabajo que ennoblece, que eleva, que nos libra de las malas tentaciones y de todos los vicios, no son más que puras fantasías de gentes que nunca han tomado el martillo ni el escalpelo, de gentes que nunca han encorvado el lomo sobre un yunque, que jamás se han ganado el pan con el sudor de su frente». (Severino Di Giovanni)

O sea, mientras los dominicanos trabajan como burros, sobreviviendo con exiguos presupuestos, pagando tributos y con servicios públicos de mal en peor, estos funcionarios se sirven en festinada licencia de los recursos presupuestarios que en buena parte se apoyan en nueva deuda pública. 

«En las lenguas románicas la palabra trabajo proviene del latín «tripalium», un instrumento de tortura usado por los romanos, que consistía en un armazón de tres palos. Así, la imposición del trabajo como actividad torturante -o acción justificadora del pragmatismo mojigato y santurrón- es una forma de asegurar la domesticación. Por medio del trabajo asalariado se asegura la territorialización de poblaciones enteras en una zona delimitada por las instituciones autoritarias. Así, el Estado y el Capital garantizan el sedentarismo y el control social, necesarios para administrar la producción». (Jesús Sepúlveda)

El título de este artículo es una locución latina de uso actual que significa ‘el hombre es el lobo del hombre’ o ‘el hombre es un lobo para el hombre’.​

«¹No queremos bandidos que sostengan con ley a esas malvadas sanguijuelas que en nombre de cualquier doctrina o ideología hagan del pobre un cordero que se deje devorar de los lobos sin resistencia y sin protesta. ²Y yo pregunto a los economistas políticos, a los moralistas, si han calculado el número de individuos que es necesario condenar a la miseria, al trabajo desproporcionado, a la desmoralización, a la desamparada infancia, a la ignorancia crapulosa, a la desgracia invencible, a la penuria absoluta, para producir un rico». (Magón¹/Garrett²)

El robo es un accionar ateísta pues no reconoce consecuencias ni castigo de origen divino. Aunque un ateo no es necesariamente un ladrón. Los que succionan fuertes recursos nacionales con maquinaciones legales son fríos, calculadores, insensibles… ver las necesidades de la gente y no sensibilizarse es para duros de corazón. Peor el escenario cuando un funcionario o legislador sabe que le extrae sobre medio millón de pesos mensuales a esos mismos tributarios y no se inmuta. Siendo legal (aunque ilegítimo), ¿a quién le importa? 

En buen dominicano podríamos reclamarles: «¡Bájale algo, abusador!» Y esto supera fronteras y cualquier sistema político. Una injustificable aberración colmada de desfachatez cínica y prepotente. Nosotros todos, como sociedad en su conjunto, somos los culpables de esta truhanería canallesca, por permitirlo. Cae de perla entonces concluir con la siguiente reflexión: 

«¹Desde que el mundo es mundo, la minoría dirigente ha vivido a costa de la mayoría currante. Notémoslo sin acritud. No es marxismo; es ley de vida: el que ordena la tierra (el gobernante) y el que ordena el cielo (el religioso) viven a costa del trabajador. ²Amo, compasiva y tristemente, a los complicados hombres de negocios que han convertido su hombría en una sanguinaria máquina de sumar y han dejado los pensamientos más profundos, los sentimientos más nobles por cálculos y métodos de explotación». (Eslava¹/Belli²)

Autor del libro sociopolítico La Tríada II en Librería Cuesta.

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