Getting your Trinity Audio player ready...
|
Teófilo Abreu
Luego del anuncio del presidente Luis Abinader de retirar el proyecto que el Gobierno denominó de “Modernización Fiscal”, y que nosotros llegamos a calificar como Garrotazo Fiscal, los dominicanos hemos escuchado “maravillas” provenientes de la esfera oficial.
“Es una demostración de que Luis es un presidente que escucha al pueblo”. “El Presidente ha desactivado los planes de la oposición, de prender el país y provocar un abril del 84”. “Las buenas propuestas que planteaba el proyecto de reforma fiscal no fueron valoradas por la población”. “Ahora la oposición se ha quedado sin palabras”.
“Este proyecto era un acto de responsabilidad de parte del Ejecutivo; pero al ver el estado de crispación y debates generalizados que provocó la reforma, el Gobierno decidió retirarlo de manera “pura y simple”.
Sólo faltaría por decir: Qué bueno es el Presidente, partiendo de la premisa de que este proyecto no fue elaborado por Abinader, sino una obra del Equipo Económico del Gobierno. Entonces, en cualquier otro país ya hubieran sido destituidos todos sus miembros, por haber arrastrado este país al borde de una oleada de protestas, ¿y quién sabe?
Se ha dicho que este proyecto, que debió ser sometido al Consejo Económico y Social (CES), con el objetivo de buscar consenso, fue manejado de manera hermética en el Ministerio de Hacienda, cuyo titular podría ser un gran economista, pero que parece vivir en el paraíso y carece de sensibilidad política para entender lo que esto significaría para esta sociedad.
No se trata de “un presidente que escucha”, sino que se vio obligado a escuchar, a fuerza de cacerolazos, críticas de economistas, dirigentes de partidos de oposición y representantes de diferentes sectores que acudieron a las vistas públicas en la Cámara de Diputados, único medio donde se trató de obtener un consenso, recibiendo sólo una andanada de protestas y críticas de todos los colores.
Ni siquiera la dirigencia del Partido Revolucionario Moderno (PRM), salvo escasas y tímidas excepciones, fueron capaces de defender este proyecto, que no tuvo nada de “modernización”, que es la etiqueta que adorna al partido oficialista.
Entonces, “el presidente que escucha” no tuvo otro camino que decidir el retiro de este Garrotazo Fiscal que, aunque ya no tenemos a un Ramón Almánzar (EPD), Virtudes Álvarez, Frank Valdez y otros líderes comunitarios que en su momento encendieron el país, sí hubo voces que se alzaron con suficiente energía para impedir este atropello brutal en contra de los más desposeídos.